Heridas primarias, trauma y regulación del sistema nervioso.

Priscilla Ingold—
la regulación para sanar lo que dolióLo primero que quiero decirte es que la palabra TRAUMA no se asocia exclusivamente con situaciones catastróficas que suceden en la vida.
Un trauma puede haber sido algo cotidiano que no pudiste procesar, ni traducir, ni integrar. Algo que te sucedió y te impactó y sentiste que no había nadie que pudiera explicarte de una manera sencilla lo que sucedía, es decir, que tradujera a un lenguaje simple y acorde a tu edad para que pudieras procesar las emociones que se despertaron en ese evento.
Por lo general, la sensación de "no puedo contar con nadie", "nadie me va a entender" o "nadie me puede ayudar", son las ideas que surgen cuando vivimos un episodio traumático. Si esto sucede temprano en la infancia, ni siquiera somos conscientes de que estas ideas se nos cruzaron por la mente. Esto quiere decir que suceden casi de manera inconsciente y es ahí donde pueden generarse las heridas de la primera infancia.
Si son situaciones que duran en el tiempo, repetitivas, moldean nuestro comportamiento y hacen que desarrollemos estrategias de supervivencia para adaptarnos porque, al ser tan pequeñas, es imposible sobrevivir en aislamiento. Entonces, es la necesidad de seguir perteneciendo la que nos hace desarrollar estos hábitos y comportamientos de supervivencia.
Las heridas de la primera infancia son la consecuencia de experiencias traumáticas similares y repetitivas en la edad temprana. Además, se traducen en comportamiento y hábitos que, al inicio, fueron protectores y nos permitieron continuar, sobrevivir, a pesar del costo energético, mental y emocional que conllevaban. Porque, sencillamente, no podíamos sobrevivir solas y aisladas.
Con el paso de los años, crecemos y estas respuestas de supervivencia continúan operando desde un lugar mayormente inconsciente. La trampa aquí es que ya no somos niñas. Podemos sobrevivir sin pertenecer a un ambiente intoxicado o disfuncional, pero no lo sabemos o nos cuesta mucho aceptar que podemos salir de esos espacios.
Hay muchas emociones enredadas con el deseo de salir de lo tóxico o disfuncional: culpa, lealtad, miedo, vergüenza, terror, etc. Emociones que frenan nuestros impulsos de buscar una vida más coherente con quienes somos, una vida alineada con nuestra verdadera esencia.
El aglutinamiento emocional provoca reacciones corporales y mentales que conocemos, como ser: niebla mental, agotamiento, procrastinación, evasión, y más. Nuestro sistema nervioso, con tantas emociones disparadas, no sabe qué hacer, se sobrecarga y colapsa en insomnio, alteraciones del apetito, alteraciones de sueño, estrés y ansiedad, entre otros.
Por esto, es importante comenzar con rutinas para regular el sistema nervioso primero: desde respirar, caminar, bailar, cantar y muchísimas técnicas más que nos permitan recalibrarnos. De otra manera, no podríamos ni siquiera escuchar esas creencias y estrategias pasadas de supervivencia que siguen operando y boicoteando nuestro bienestar en el presente.
Es posible ganar bienestar. Recalibrar el sistema nervioso es el inicio. Escucharnos es lo siguiente. Liberar el dolor y colocar todo en su lugar, corona el proceso.
Cuando inicias tu camino hacia el bienestar, te das cuenta de que todo sucede en simultaneo y aprendes a surfear la ola. Así, te vuelves la maestra de tu propia vida.
