Antes de decidir, comprender.

Priscilla Ingold—
Muchas veces un cambio en la vida repercute más profundo en nuestra identidad.Cuando una etapa cambia, no solo cambian las circunstancias.
También pueden cambiar nuestras prioridades, nuestros vínculos, nuestros deseos y la manera en la que nos vemos a nosotros mismos.
Por eso, antes de preguntarte “¿qué debería hacer?”, puede ser más útil preguntarte:
¿Qué está cambiando realmente para mí?
Tal vez lo que parece una crisis laboral sea también una pregunta sobre cómo quieres utilizar tu tiempo.
Tal vez una separación no sea únicamente el final de una relación, sino el comienzo de una revisión mucho más profunda sobre quién eres fuera de ella.
Tal vez una mudanza implique mucho más que cambiar de ciudad.
Tal vez una pérdida haya cambiado silenciosamente tu manera de entender qué es importante.
Cuando conseguimos mirar el cambio desde esta perspectiva, dejamos de buscar únicamente una solución externa.
Empezamos a escucharnos.
Discernir entre el miedo y lo que realmente quieres
En los momentos de incertidumbre muchas voces pueden hablar al mismo tiempo.
La voz del miedo.
La de las expectativas familiares.
La de lo que se supone que deberías querer a determinada edad.
La de lo que otras personas harían en tu lugar.
La de quien fuiste hace unos años.
Y, entre todas ellas, puede resultar difícil reconocer la propia.
Por eso discernir es una parte esencial de cualquier cambio.
No consiste en eliminar el miedo antes de decidir.
Consiste en aprender a distinguirlo.
Preguntarte:
¿Esto no lo quiero o simplemente me da miedo?
¿Estoy intentando conservar algo porque todavía tiene sentido para mí o porque me cuesta despedirme?
¿Estoy eligiendo desde lo que necesito ahora o desde una versión anterior de mí?
Si nadie esperara nada de mí, ¿seguiría queriendo lo mismo?
No necesitas decidir toda tu vida
Cuando estamos ante un cambio importante, es fácil convertir una decisión concreta en una pregunta gigantesca.
¿Dónde voy a vivir?
¿A qué quiero dedicarme?
¿Quiero continuar esta relación?
¿Cómo empiezo de nuevo?
¿Qué hago ahora con mi vida?
Preguntas así pueden paralizarnos porque parecen exigir una respuesta definitiva.
Pero quizá no tengas que decidir toda tu vida.
Quizá solo necesites decidir cuál es el siguiente movimiento posible.
Una conversación.
Pedir información.
Decir que no.
Probar algo durante un tiempo.
Pedir ayuda.
Descansar antes de decidir.
Empezar una formación.
Visitar un lugar.
Reconocer algo que llevas tiempo evitando.
Poner un límite.
Permitir que una posibilidad exista sin comprometerte todavía con ella.
A veces avanzar no consiste en tener claro el destino.
Consiste simplemente en identificar el siguiente paso que puedes dar sin traicionarte.
Si estás en un momento de transición vital que te resulta difícil, una mirada externa objetiva y respetuosa puede ayudarte a ganar claridad.
Eso es parte del trabajo que realizamos en Método IMANI: acompañarte a comprender, discernir y elegir desde un espacio interno de claridad.
